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El riesgo moral en política


En el ámbito político, el cambio regular es crucial para reducir el riesgo moral, un fenómeno donde individuos o instituciones toman decisiones arriesgadas porque no enfrentarán directamente las consecuencias negativas de su corrupción o malos manejos.

La falta de alternancia en el poder puede exacerbar este riesgo, fomentando un entorno donde la irresponsabilidad y la falta de rendición de cuentas se normalizan, donde los funcionarios se arriesgan cada vez más y más llegando a superar límites confiados en que no tendrán que rendir cuentas.

En el contexto de la Cuarta Transformación (4T) en México, este fenómeno se ha evidenciado con n casos de altísimo nivel y con una impunidad hipócrita sin precedentes que hacen ver la casa blanca de Peña Nieto como una simple travesura, y también la corrupción ha crecido brutalmente debido a una oposición política debilitada y casi inoperante. Sin un contrapeso efectivo, quienes detentan el poder pueden sentirse menos vigilados, lo que incrementa la propensión a tomar decisiones que, aunque beneficiosas a corto plazo, podrían ser perjudiciales a largo plazo. La institucionalidad del gobierno se ve comprometida cuando las figuras de poder no enfrentan suficiente escrutinio, debilitando los mecanismos de control y supervisión.

Para contrarrestar estos efectos, es vital fortalecer las instituciones democráticas y fomentar un sistema político que promueva la transparencia y la participación ciudadana. Esto incluye:

1. Reforzar la independencia de los órganos de control: Asegurar que entidades como la Auditoría Superior de la Federación y otros organismos de fiscalización operen sin interferencias políticas.

2. Promover la participación ciudadana y el acceso a la información: Empoderar a los ciudadanos para que demanden rendición de cuentas y sigan de cerca la gestión gubernamental.

3. Establecer normas claras de conducta y consecuencias: Implementar sanciones efectivas para quienes tomen decisiones perjudiciales, reforzando un comportamiento ético en la función pública.

4. Fomentar un entorno político competitivo: Facilitar el surgimiento de una oposición robusta que sirva como un verdadero contrapeso al poder y promueva la alternancia en los cargos públicos.

5. Promover la educación cívica: Capacitar a los ciudadanos en el entendimiento de sus derechos y obligaciones, fomentando un electorado informado y activo.

En conclusión, para mitigar el riesgo moral en política, es esencial instar a cambios estructurales que fomenten la transparencia, la participación y la rendición de cuentas. Solo con instituciones fuertes y un sistema político dinámico se podrá reducir significativamente este riesgo, asegurando una gobernanza eficaz y sostenible.

 
 
 

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