México, Cuba y el petróleo: una historia de política, negocios y solidaridad
- Cuarto de Guerra
- hace 5 días
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En los últimos años, el tema del petróleo que México envía a Cuba ha generado discusiones encendidas en redes sociales, medios de comunicación y sobremesas familiares. Sin embargo, todo quedaba en los dimes y diretes politiqueros de nuestra grilla interna como País. Pero hoy, después de la captura de Nicolás Maduro y una vez fijada la nueva doctrina Monroe de Trump para su juego geopolítico en Latonoamérica, es crucial comprender que el fanatismo político y la ideosincracia nortemaericana son muy claros: Los amigos de mis enemigos, son también enemigos.
Para algunos, que México envíe petróleo a Ciuba es un acto de solidaridad histórica; para otros, un gasto cuestionable en un país con muchos pendientes internos. Pero, ¿qué hay realmente detrás de esos barcos que cruzan el Golfo de México cargados de crudo y combustibles?
En este texto vamos a recorrer el contexto político, económico y simbólico de estos envíos, más allá de los titulares.
Un barco sale de Dos Bocas
Imaginemos la escena: un barco petrolero parte de un puerto mexicano, como Dos Bocas o Coatzacoalcos. Lleva miles de barriles de crudo y petrolíferos rumbo a la isla de Cuba. Detrás de ese viaje hay hojas de contratos, discursos políticos, historia compartida… y también polémica.
De acuerdo con datos oficiales, mediante el programa llamado "gasolinas del bienestar", Pemex ha mantenido los envíos de crudo a Cuba. Entre enero y septiembre de 2025 México envió a Cuba alrededor de 17,200 barriles diarios de crudo y unos 2,000 barriles diarios de petrolíferos. No es una cifra gigantesca en el universo energético global, pero tampoco es insignificante. Especialmente si pensamos que se trata de un flujo constante, sostenido en el tiempo y entre dos países con una larga relación política. Es más algo simbólico, algo que esconde otras intenciones.
Más que amistad: contratos y acuerdos.
Lo primero que vale la pena aclarar es que estos envíos no son, al menos en el papel, simples “regalos”. Pemex mantiene acuerdos comerciales con el gobierno cubano para la venta de petróleo y derivados. Son contratos de Estado a Estado, que pasan por los canales formales y se reportan en documentos oficiales. Esto significa que, en teoría, Cuba paga por ese petróleo. Sin embargo, ahí es donde empiezan las dudas:
¿En qué condiciones? ¿Con qué plazos de pago? ¿Con descuentos? ¿Se paga siempre a tiempo? En muchos casos, los detalles finos de estos acuerdos no son del todo transparentes para la opinión pública, y eso alimenta sospechas y críticas. Pero, en su base, la relación se presenta como una combinación de negocio y cooperación.
Política exterior a la mexicana: Cuba como símbolo
Para entender por qué México envía petróleo a Cuba, hay que mirar más allá de las cifras y entrar en el terreno de los símbolos.
Desde hace décadas, Cuba ocupa un lugar especial en la política exterior mexicana. Aun en tiempos en que muchos países de la región rompieron relaciones con La Habana, México mantuvo canales abiertos. Esta postura se ha justificado como una defensa de la “no intervención” y la “autodeterminación de los pueblos”, principios clásicos de la diplomacia mexicana.
En el gobierno actual, esa línea se ha reforzado con un discurso que presenta a Cuba como:
* Un país víctima de sanciones externas, en especial de Estados Unidos.
* Un ejemplo, para algunos sectores políticos, de resistencia ante la presión internacional.
* Un aliado histórico en el imaginario de cierta izquierda latinoamericana.
Así, enviar petróleo no es solo mover un producto de un punto A a un punto B. Se presenta como un gesto político: una forma de decir “no vamos a dejar sola a Cuba” frente al aislamiento y las sanciones.
Ayuda humanitaria… que también es energía.
Hay otro componente clave en el discurso oficial: el argumento humanitario.
Cuba atraviesa desde hace años una crisis energética profunda: apagones prolongados, transporte afectado, hospitales con problemas para operar a plena capacidad, afectaciones a la vida cotidiana. En ese contexto, México justifica parte de sus envíos como apoyo para aliviar la situación de la población cubana.
Desde esta óptica, el petróleo no se ve solo como combustible, sino como:
* Electricidad para que no se vayan las luces en medio de una cirugía.
* Transporte para que la gente pueda llegar al trabajo o a la escuela.
* Insumo básico para que la economía cubana no se detenga por completo.
Es decir, el gobierno mexicano presenta el petróleo como si fuera una especie de “ayuda humanitaria energética”, envuelta en la retórica de la cooperación sur-sur y la integración latinoamericana.
El hueco que dejó Venezuela.
Para entender el momento actual, hay que mirar a un actor que fue protagonista durante años: Venezuela.
Durante mucho tiempo, Venezuela fue el principal proveedor de petróleo subsidiado a Cuba, especialmente a través de acuerdos como Petrocaribe. Pero con la profunda crisis económica y política venezolana, su producción petrolera cayó de forma drástica. Eso golpeó directamente la seguridad energética de Cuba.
En ese contexto de vacío, México se vuelve más relevante. No es que sustituya por completo a Venezuela, pero sí se convierte en uno de los socios clave para que Cuba asegure una parte de su abasto.
Así, lo que vemos hoy es el resultado de una combinación de factores:
la caída venezolana, la persistencia del bloqueo y sanciones, la crisis interna cubana y una política exterior mexicana interesada en reforzar su presencia regional.
Dentro de México: apoyo, enojo y dudas
Si todo esto suena complejo en el plano internacional, dentro de México el debate es todavía más intenso.
Por un lado, están quienes defienden estos envíos:
* Hablan de solidaridad internacional y de una obligación moral con los pueblos del Caribe y América Latina.
* Subrayan que, en términos porcentuales, lo que se manda a Cuba es una fracción pequeña de la producción y exportación total de Pemex.
* Ven estos acuerdos como una inversión política para fortalecer el liderazgo de México en la región.
Por otro lado, están los críticos:
* Señalan que Pemex es una empresa con altos niveles de deuda y problemas financieros, y que cada barril que se vende en condiciones preferenciales es un posible costo para el erario.
* Se preguntan por qué se apoya a otros países cuando en México aún hay comunidades sin servicios completos, problemas de abasto de combustibles en algunas zonas y retos presupuestales.
* Cuestionan la transparencia: ¿Se está subsidiando el precio? ¿Cuál es el impacto real en las finanzas públicas? ¿Se usarán estos acuerdos con fines políticos?
Este choque de narrativas —solidaridad vs. despilfarro, cooperación vs. opacidad— alimenta una discusión que seguramente seguirá viva en los próximos años.
Más allá de los titulares
Al final, el petróleo que México envía a Cuba es mucho más que un evento económico. Es un nodo donde se cruzan:
* La historia compartida entre dos países.
* La ideología de los gobiernos en turno.
* Las restricciones impuestas por terceros (como las sanciones de Estados Unidos).
* Y, sobre todo, las prioridades internas de México frente a sus propios problemas.
Quien vea estos envíos solo como “regalos” simplifica demasiado. Quien los vea solo como “negocios normales” también deja fuera una parte importante de la historia.
Se trata de una decisión de política exterior con implicaciones económicas y simbólicas. Un recordatorio de que, en el mundo real, los barriles de petróleo viajan cargados no solo de hidrocarburos, sino de discursos, alianzas y controversias.







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